Más allá de los ídolos
En el caminar del curso de milagros puede haber mucha teoría que respondemos y pensamos de manera automática, pero que a la larga podemos no estar reconociendo en la realidad.
Recientemente estuve preparando la clase del Capítulo 30, sección III "Más allá de todo ídolo" y como siempre el grupo pidió ejemplos, con la muy razonable pregunta "y como identificamos lo que es un ídolo" a lo que seguía la respuesta según "el librito": aquellas cosas que valoras pero que son ilusiones en realidad y es que todo en este mundo es una ilusión.
Luego ayer trabajaba "el único propósito" en el cual decía que si no tienes un único propósito las cosas carecen de significado real... porque tienen un significado diferente para cada persona de acuerdo al propósito que se le asigne. Y que muy especialmente los pensamientos de pérdida y sacrificio no pueden ser compartidos justamente porque significan cosas diferentes para cada quien. Cuando decides convencerte que estás perdiendo es porque en tu misma consciencia hay alguien quien ganó. Aquello que sacrificas lo haces siempre en pro de alguien mas que temporalmente sale victorioso.
El sentimiento de sacrificio te corroe por dentro siempre que te enfocas en lo que estas "sacrificando" al punto de convertir la imagen del otro en vil y desembocando en la necesidad de un ataque para lograr equiparar la balanza, solo que en muchos casos el ataque frontal no es permitido. En un mundo de niveles y desigualdades no siempre será posible devolver la moneda con la que estamos siendo pagados..
¿Cuál es la alternativa, cuando te enuentras solo? porque estamos hablando de algo que valoras que otra persona desprecia y que muchos otros "no entienden". Si le cuentas lo que sientes a alguien muy posiblemente podrán llegar a "empatizar contigo" haciendose evidente tu dolor, pero no podrán compartirlo porque no van a poder llegar a entender su origen... al no darle valor a lo que se supone tu estas perdiendo.
Sale aquí otro aspecto: la soledad... esa convicción de que estás "solo" en esto. Porque nadie va a sacar la mano por tí... y entonces no queda más que recordar lo aprendido... "¿Que deseas, tener la raazón o ser feliz" y te das cuenta que tu felicidad no puede estar en algo externo y tangible, porque eso que esta allí es presa de la destrucción y de la diferencia de significado. Simplemente puede venir alguien con mayor autoridad y opinar que esto que atesoras no tiene valor y pedirte que desaparezca!
Puedes entablar una lucha por defender tu "punto de vista", puedes "atacar y contra atacar" ... pero quizás no puedas o no quieres hacerlo, porque tengas "todas las de perder"... porque estás en un terreno que "no es tuyo".
Como haces entonces, cuando volteas, en medio de ese torbellino de sentimientos, para darte cuenta que allí esta el ídolo? que alli te estas asiendo de algo que no es la mano de Cristo? que ese algo que parecía darte alegrías podía caerse con tanta facilidad?
Tienes que lograr ver la santidad en aquel que en la apariencia vino a derrumbar tu castillo de cartas. Tienes que ver la santidad en aquel que no te defendió y se puso de lado del "perpetrador" y encima darte cuenta que el castillo de cartas era en realidad un juguete... un entretenimiento pasajero que no vale el berrinche que estas sintiendo y que simplemente puedes volverlo a armar.
El problema mayor sigue siendo el mismo... que has decidido sentirte dolido... y que ese dolor hay que cobrarselo a alguien a como de lugar. Y eso sucedió porque crees haber perdido algo en la caída de ese idolo que se acaba de derrumbar.
Si llegas a esta conclusión, es el momento de entender que nada externo puede darte lo que realmente buscas... pero que lo que buscas en verdad siempre te será dado al pedirlo. ¿Qué es eso que buscabas en en ese montón de piedras que se derrumbo?
En mi caso concreto y luego de esta catarsis eran unas matitas "mal sembradas". Un monton de macetitas de distintos tamaños con brotes diversos que honestamente no estaban hermosisimas ni perfectamente cuidadas, pero que a mi me daban el sentimiento de que estaba haciendo algo bien... porque muchas eran matas medicinales que me habian regalado - aunque rara vez las usara, estaban alli- y otras de vez en cuando daban un fruto. Resulta que a "la dueña de la casa" no le gustan y hoy llego con un impetu impresionante a dar su opinion "a viva voz" de que no quería tenerlas alli, donde habían estado prosperando ya desde hace tiempo. El espacio no es mio en realidad, por lo que al final "tenia las de perder" y con otras condiciones especiales ni siquiera tenía como reclamar. Este ha sido un punto de "desacuerdo" con ella porque mi descuido no se lleva con sus exigencias y en esa "batalla" tengo siempre las de perder y me siento "solo".
Esas plantas bien aplican para el concepto de idolos... son los juguetes con los que juega el niño que esta soñando como dice el curso. Son cosas que valoro al menos parcialmente pero que no tendrán el mismo valor para los demás. Si estoy caminando este camino, es una bendición que aparezca hoy esta persona a "echar por tierra mis idolos" para que pueda aprender a caminar libre de ellos. Parte de la tormenta es estar consciente de que todo esa teoría que puse aqui mismo esta presente y que con todo eso fui capaz de decidir experimentarlo todo por el camino del dolor y la perdida.
Esta decisión depende enteramente de la interpretación que le esté dando a los hechos. Ellos no cambiarán de por si, pero yo si puedo reinterpretarlos. Ayer mismo un vecino que es pastor de una iglesia conversaba con otros acerca de la "unica doctrina" y yo en silencio pensaba que puede que hubiera una sola doctrina, pero siempre habrían infinitas interpretaciones. Entonces, este hecho que para tantos de los que lean "no tiene ninguna importancia" la verdad es que si la tuvo para mi, porque decidí interpretarlo como algo de "mi ser" que "estaba perdiendo".
La función del Hijo de Dios es buscar la compleción... y siempre que crea haberla encontrado en alguien o algo externo corre el riesgo de "perderla" y desgarrarse por dentro, aunque le haya repetido mil veces a sus estudiantes, repitiendo las palabras de un libro, que eso en realidad no es posible. Pero es que el mismo libro dice que no es posible, pero podemos creer que lo es en nuestra mente.
Finalizando estas lineas siento algo diferente... y es que una vez que nos convencemos que es un ju eego, que no hemos perdido nada en realidad y que bien podemos continuar quizas entonces estemos en capacidad de continuar bendiciendo a aquellos que nos acompañan en el camino y estemos un poco más listos para "perdonar aquello que nunca pasó".
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